Programas de intercambio de jeringuillas

El farmacéutico Guillermo Bagaria explica un servicio que ofrece en la farmacia en la que trabaja que no es muy habitual: el intercambio de jeringuillas.
Programas de intercambio de jeringuillas

Como servicio destacado de la farmacia, os propongo el programa de intercambio de jeringuillas (PIX, en catalán) en personas que se inyectan drogas que prestamos desde hace años en nuestra farmacia. Es cierto que no es un servicio muy convencional y, quizá por eso mismo, me interese compartirlo. Consiste en disponer, en la farmacia, de un envase diseñado para la recogida de jeringuillas usadas que el propio usuario deposita al entrar en la farmacia. Una vez en el mostrador, el usuario demanda tantos kits de intercambio como necesite y el farmacéutico se los dispensa siempre que la demanda sea razonable y no limite la disponibilidad para otros usuarios. El kit está constituido por: jeringuilla, toallita higienizante, filtro para eliminar impurezas, cazuelita para hacer la disolución de la sustancia a inyectar y agua estéril para inyección. Este kit es gratuito para el usuario, siendo proporcionado por la administración sanitaria catalana y servido a la farmacia por la distribución mayorista. El PIX no es un intercambio propiamente dicho, puesto que la intención es minimizar el riesgo de reutilización de jeringuillas. Por lo tanto, cuantas más facilidades para no compartir, mejor. La farmacia es un punto de entrega no condicionada y un punto de retorno.

No obstante, la función del farmacéutico no se limita a la función logística, sino que es invitado a ofrecer educación sanitaria al usuario. En la atención diaria y la gestión de empatías, el farmacéutico busca el momento de poder entablar un diálogo que permita encontrar la ocasión de revisar las técnicas de inyección segura, los hábitos de higiene preeliminares, de trasladar información sobre consumo seguro, reconocimiento de sobredosis y reacción frente a las mismas. Igualmente, el farmacéutico está en contacto con la red de atención a las drogodependencias, lo que le permite poner en contacto al usuario con trabajadores sociales y centros de atención sanitaria a las drogodependencias, de ser requerido. El programa de intercambio de jeringuillas en Cataluña es un servicio voluntario y altruista, no formando parte, aún, de la cartera de servicios concertados con la administración sanitaria. Por coherencia, consideramos que la farmacia que participa en el PIG debería estar capacitada para disponer y dispensar el kit de Naloxona de rescate de sobredosis por opiáceos a los usuarios que lo puedan requerir.

 

Para la reflexión:

Coste del tratamiento diario de un paciente HIV+: 11.500€/año (6100 tratamiento + 5400 atención sanitaria)

Coste del tratamiento diario de un paciente HVC+: 14.000€/año (9000 tratamiento + 5000 atención sanitaria)

Coste del kit PIG: 0.46€/kit, estimando recomendación de 200 kits/año. Coste anual = 92,6€/año

 

¿Por qué, entonces, proveer de un servicio que, aparentemente, genera más problemas que recompensas? Me lo he preguntado, junto con mi equipo de empleados, muchas veces. La respuesta la tenemos clara: porque es una necesidad del barrio donde ejercemos nuestra profesión, por seguridad de parques y jardines, donde hay menos jeringuillas abandonadas; porque atendemos a personas muy frágiles a las que les quedan pocos sitios donde acudir, porque ofrecemos también el programa de mantenimiento con metadona, que es una vía de escape y una potencial salida y, sobre todo, porque nos consideramos sanitarios y tenemos una responsabilidad para con la sociedad. Entendemos que nuestra farmacia de barrio late con el mismo ritmo que su entorno y debe adaptarse, por lo tanto, a sus necesidades.

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