La importancia de la nutrición en la farmacia comunitaria

Antonio de Miguel, farmacéutico comunitario y nutricionista, nos habla sobre cómo desde el servicio de nutrición en farmacia podemos mejorar la salud de los pacientes, y cómo debemos dejar de lado el concepto “dieta” y hablar más de “aprender a comer”.
La importancia de la nutrición en la farmacia comunitaria

Soy Antonio de Miguel Albarreal, farmacéutico adjunto y nutricionista que trabaja en farmacia comunitaria en Marchena, un pueblo de 20.000 habitantes de la provincia de Sevilla.

Como tantas cosas, la importancia de la nutrición es heredada por parte de mis padres, o más bien, me educaron en ello. Mi padre, también farmacéutico comunitario, ha estado años aconsejando sobre nutrición a gran multitud de pacientes en la farmacia, principalmente a través de charlas grupales.

Su dedicación e ilusión pronto hizo que me interesara por el tema. Así que, tras acabar el grado en Farmacia, decidí estudiar el Grado en Nutrición Humana y Dietética. Implanté en 2017 el servicio de nutrición en la farmacia, el cual, afortunadamente, tuvo buena aceptación.

Cargado de ilusión comencé a compaginar la vida de farmacéutico adjunto con la de nutricionista. La juventud te da energía, osadía, positividad y ganas por empezar y desarrollar proyectos nuevos, pero también tiene sus desventajas: la falta de experiencia y la impaciencia. La realidad es que un cambio de hábitos dietéticos requiere tiempo y perseverancia. Lo importante es crear conciencia, comunicar la importancia que tiene la alimentación, así como su impacto en la salud, y enseñar a combinar y escoger los alimentos idóneos con la finalidad de que ese cambio sea lo más sencillo posible. Llevar una alimentación saludable requiere esfuerzo (ir a contracorriente nunca ha sido fácil), interés y conocimiento. Siempre comunico a los pacientes la necesidad de olvidar el concepto de “dieta”, y que comencemos a valorar el término de “aprender a comer”. Además, insto a todos a comenzar a hacer (si aún no lo realizan) ejercicio físico, a cargo de profesionales del sector.

Además de todo ello, en la consulta de nutrición se conoce aún más si cabe a familias que nos rodean y que acuden con asiduidad a la farmacia. Si el nutricionista es también farmacéutico, es una excelente oportunidad para mejorar la adherencia terapéutica y evaluar el tratamiento en caso de que lo tuviese.

Somos el segundo país de Europa con más obesidad infantil; sí, nosotros, el país de la “dieta mediterránea”. Una mala alimentación es factor de riesgo (y en algunos casos causantes) de enfermedades como el cáncer, Alzheimer, Parkinson, diabetes, cardiovasculares…

Una alimentación adecuada es capaz de mejorar la calidad de vida de cualquier persona. Ya no solo a nivel de autoestima (¿cuántos antidepresivos dispensamos en un día?), sino que también mejora el progreso de enfermedades (como las respiratorias), reduce la posibilidad de desarrollar una demencia y disminuye el riesgo de padecer multitud de enfermedades crónicas.

“Dieta” viene del griego, que quiere decir “modo de vida”. Dejemos de ver a la alimentación saludable como una “pérdida de peso transitoria” y comencemos a visualizarla como un modo de vida, siendo una potencial herramienta terapéutica y la mejor opción para prevenir enfermedades crónicas (y muchas enfermedades agudas). ¿Acaso no somos profesionales sanitarios? ¿No es nuestra misión proveer de salud a esas personas que acuden día a día a la farmacia? La farmacia comunitaria tiene una excelente oportunidad de ocupar un espacio dentro del sistema de salud primordial en la actualidad, e indispensable en el futuro. El desarrollo del servicio de nutrición es una magnífica iniciativa para mejorar la calidad de vida de la población, así como de generar un enorme ahorro al sistema de salud.

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