Necesidad de la capacitación en la prestación de servicios asistenciales

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Vicente J. Baixauli

Vicente J. Baixauli, farmacéutico comunitario con más de 20 años de experiencia en el campo farmacéutico, comparte mensualmente con nosotros su reflexión sobre la situación actual de la farmacia comunitaria española. Sus reflexiones pueden darnos algunas claves para desarrollar una labor asistencial efectiva, segura y de calidad, que responda a las necesidades de la población.

Hace unos días, durante una comida con otros farmacéuticos, hablábamos sobre el tema de la capacitación para prestar servicios profesionales y de hasta qué punto era necesaria (máxime cuando nadie se la exige como tal a otros profesionales sanitarios).

Unos decían que siendo farmacéutico no se debería requerir ningún otro requisito, confiaban que el mercado regularía la situación y que los pacientes elegirían a los mejores, no acudiendo a los profesionales que no estuviesen capacitados para ofrecer el Servicio solicitado.

La mayoría opinaban que eran necesarios los cursos de capacitación, manifestando disparidad de opiniones respecto a quién debía organizarlos (la administración, los colegios, las universidades o las sociedades científicas). Los menos, opinaban que con cursos de Formación Continuada debería bastar.

Yo también compartí  con ellos mi opinión, considerando que lo que la farmacia comunitaria necesitaba era una especialidad, igual que los farmacéuticos de hospital, los médicos y los enfermeros.

Algunos compañeros preguntaron ¿para qué? Mi respuesta se basó en dos razones:

 

La primera de preparación:

 

Cuando terminamos la carrera no estamos suficientemente preparados para desarrollar todo lo que se hace en la oficina de farmacia. Nuestra titulación habilita para ejercer en varios ámbitos, y la farmacia comunitaria es solo uno de ellos. Al preguntarles, todos contestaron que tuvieron que formarse específicamente para poder gestionar, dispensar, indicar, hacer seguimiento farmacoterapéutico, medir la presión arterial, preparar sistemas personalizados de reacondicionamiento, etc. Formación que va desde la contabilidad a los problemas relacionados con los medicamentos, pasando por el marketing, la gestión de compras, riesgos laborales, productos sanitarios, calidad, informática, y un largo etcétera. Y es que el ejercicio en la farmacia comunitaria es muy distinto al que se realiza en otros ámbitos donde también hay farmacéuticos como nosotros. De ahí surge la necesidad de que, para formarse específicamente en los servicios profesionales farmacéuticos que se presten, sería necesario aprender en ella con pacientes reales, junto a personas con experiencia y adquiriendo conocimientos más específicos. En definitiva, adquirir las competencias necesarias, capacitarse, al igual que hace, pero de forma reglada, cualquier médico o farmacéutico cuando realiza su especialidad.

 

La segunda de calidad:

 

Los pacientes en las encuestas nos dicen que están dispuestos a utilizar los servicios ofrecidos por el farmacéutico comunitario siempre que se presten con calidad, por un farmacéutico informado y especializado y de forma integrada en el sistema sanitario. ¿Cómo verían nuestros pacientes que fuésemos especialistas como los médicos, algunos enfermeros y otros farmacéuticos?

Tras el debate todos entendieron por qué era necesario la capacitación y la forma de llegar a ella, la especialidad.

A raíz de esto, empezaron las conjeturas sobre cómo se haría, dónde, cuánto tiempo, etc. Tema al que dedicamos casi toda la sobremesa hasta que nos fuimos de vuelta a la farmacia.
 

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