Vacunación en la farmacia

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Vicente J. Baixauli

Vicente J. Baixauli, farmacéutico comunitario con más de 20 años de experiencia en el campo farmacéutico, comparte mensualmente con nosotros su reflexión sobre la situación actual de la farmacia comunitaria española. Sus reflexiones pueden darnos algunas claves para desarrollar una labor asistencial efectiva, segura y de calidad, que responda a las necesidades de la población.

Cada vez se escucha más en los medios del sector “vacunar en las farmacias”. El objetivo de mejorar las coberturas vacunales en la población es uno de los objetivos sanitarios más deseados en los países desarrollados.

La vacunación en la farmacia puede contribuir a prevenir la incidencia de muchas enfermedades y disminuir el coste sanitario y económico que éstas suponen para el sistema sanitario. La farmacia tiene ante sí una oportunidad para integrarse en el sistema nacional de salud complementando los puntos de vacunación existentes y coparticipando en la consecución de un objetivo sanitario común.

La experiencia de otros países desarrollados de nuestro entorno con la vacunación en la farmacia comunitaria ya ha demostrado la consecución de este objetivo. La mayoría de los países comenzaron a contar con la farmacia comunitaria cuando se dieron cuenta de que las tasas vacunales de la gripe en los grupos de riesgo eran muy bajas, de que no conseguían aumentarlas y de que si a las personas se les facilitaba vacunarse a través de las farmacias, éstas se vacunaban y aumentaban dichas tasas. Una vez más la proximidad, el amplio horario, la confianza y la profesionalidad de los farmacéuticos han conseguido que en países como Irlanda, Escocia, Inglaterra, Australia, Canadá, Portugal, Estados Unidos, Filipinas, etc., no sólo se hayan aumentado las tasas vacunales de la gripe, sino que este servicio se extienda a otras vacunas.

Sin embargo, algo que funciona tan bien en algunos países, en España, tiene ciertas barreras para su implantación. Seguramente la más importante es el colectivo de enfermería, que defiende la vacunación como algo exclusivo de dicho colectivo.

Sin embargo, tampoco a la administración sanitaria parece importarle demasiado que las tasas vacunales de la gripe sigan disminuyendo año tras año y que en otros países la participación de las farmacias haya roto esta tendencia, ya que de no ser así o no hace nada para cambiarlo, o lo que hace no resulta. Tampoco parece que el colectivo farmacéutico sea unánime en esta petición, sólo algunos colegios profesionales y SEFAC se han manifestado abiertamente y han realizado propuestas firmes en este sentido.

La prestación del servicio de vacunación de la gripe en la farmacia es sin duda un buen ejemplo del modelo asistencial de prestación de servicios que se pretende alcanzar en la farmacia comunitaria. Un servicio profesional farmacéutico, con un objetivo de prevención de la salud, necesario para la población, retribuido, realizado por un farmacéutico capacitado específicamente para ello, en las farmacias autorizadas que cuenten con los requisitos de instalaciones y equipamiento necesarios, y en coordinación con el sistema sanitario.

No obstante, para prestar este servicio en la farmacia comunitaria todavía hay que precisar muchos detalles: si la adquisición de la vacuna la realiza la farmacia, si es necesaria la receta médica para su administración, si sólo se permitiría en los grupos de riesgo, si estaría o no financiada, o sólo parcialmente (copago) o sólo para grupos de riesgo.

Además, habría que tener en cuenta también si podría administrarse en la farmacia por personal de enfermería, si este servicio se podría extender a otras vacunas o incluso a otros medicamentos, constituyendo un servicio de administración de inyectables como las heparinas, etc.

Para la farmacia no sólo exigiría la presencia de personal capacitado, sino también la existencia de una zona que permita una intimidad y confidencialidad y que estuviese dotada de algunos recursos materiales necesarios para prestar este servicio como contenedores para los residuos generados, acceso al sistema de receta electrónica, silla/camilla para el paciente, adrenalina inyectable, etc.

Para el farmacéutico que lo quisiera prestar requeriría de su capacitación previa tras superar un curso formativo en inmunización y reanimación cardiopulmonar, la actualización anual correspondiente y disponer de un seguro de responsabilidad.

En definitiva, creo que estamos ante una oportunidad tanto para la farmacia como para el farmacéutico comunitario, de aumentar sus competencias profesionales y sanitarias, pudiendo integrarse de una forma real y efectiva con el SNS en la consecución de un objetivo sanitario común de primera magnitud como es incrementar las coberturas vacunales de la población.

¿Te apuntas?...

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