Prácticas tuteladas en la farmacia comunitaria

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Vicente J. Baixauli

Vicente J. Baixauli, farmacéutico comunitario con más de 20 años de experiencia en el campo farmacéutico, comparte mensualmente con nosotros su reflexión sobre la situación actual de la farmacia comunitaria española. Sus reflexiones pueden darnos algunas claves para desarrollar una labor asistencial efectiva, segura y de calidad, que responda a las necesidades de la población.

El entorno farmacéutico está adquiriendo un papel destacado en la vida de los pacientes, exigiendo un perfil farmacéutico muy completo y competitivo. ¿Se está haciendo suficiente para sacar el máximo valor a estas prácticas?

Un tema cuanto menos peliagudo es el de las prácticas tuteladas en la farmacia comunitaria, y es que la realidad muchas veces no es la que nos gustaría.

Un comentario habitual entre los farmacéuticos comunitarios es la preparación con la que llegan a las farmacias comunitarias algunos de los recién licenciados en farmacia, cuando se supone que en muchos casos ya han realizado durante el grado una estancia de tres meses en la farmacia comunitaria. Lo normal suele ser echar la culpa al alumno y a la universidad, sin embargo, si miramos un poco más la realidad es muy distinta.

Desde que la Directiva 85/432/CEE estableció que el título de farmacéutico debía de comprender “al menos seis meses de periodo de prácticas en una oficina de farmacia abierta al público o en un hospital, bajo la supervisión del servicio farmacéutico de dicho hospital” a partir de 1987 las promociones de la entonces licenciatura en farmacia, incrementaron su duración en seis meses más. Sin embargo, en la actualidad y tras la progresiva armonización de los sistemas universitarios exigida por el proceso de construcción del Espacio Europeo de Educación Superior iniciado en 1999 con la Declaración de Bolonia, el plan de estudio del título de grado (antes licenciatura) en farmacia, debe incluir como mínimo un módulo de 30 créditos dedicados a la asignatura de Prácticas Tuteladas y Trabajo de Fin de Grado.

Estas prácticas pueden realizarse en una farmacia comunitaria o en un hospital bajo la supervisión de su servicio farmacéutico. La realidad, es que entorno al 80% de los farmacéuticos que se gradúan, acaban trabajando en farmacia comunitaria, por lo que tiene sentido que la mayor parte de estas prácticas o estancias se realicen en la farmacia comunitaria. No obstante, en mi opinión, también deberían extenderse al resto de modalidades de ejercicio profesional, ya que el grado en farmacia no es un grado exclusivo en farmacia comunitaria u hospitalaria, sino que habilita para el ejercicio profesional de farmacéutico en otras modalidades. Sin embargo, hoy por hoy, todavía no es posible realizarlas -como sería deseable- en otros lugares como laboratorios farmacéuticos, almacenes mayoristas, servicios farmacéuticos de la inspección de farmacia, colegios profesionales, etc

Para evitar la falta de plazas donde realizar estas prácticas, la Ley de servicios de oficina de farmacia de 1997 estableció entre las funciones de la farmacia comunitaria: “La colaboración en la docencia para la obtención del título de Licenciado en Farmacia, de acuerdo con lo previsto en las Directivas Comunitarias, y en la normativa estatal y de las Universidades por las que se establecen los correspondientes planes de estudio en cada una de ellas.”, en la misma línea que establecen las recomendaciones de organizaciones internacionales como la FIP y la OMS. En este sentido la mayoría de universidades han optado por crear comisiones de prácticas tuteladas que integran a los colegios profesionales entre sus miembros.

En nuestro país, a pesar de la Orden CIN/2137/2008 que sirve de marco para la docencia de esta asignatura, que es la asignatura obligatoria de mayor carga lectiva del grado en farmacia, tiene un grave problema de heterogeneidad, fruto de la autonomía universitaria que replica e imita los problemas derivados de la fragmentación regulatoria existente en el sistema sanitario. La realidad es que, desde la asignación y dependencia de esta asignatura y sus profesores dentro de la propia universidad o facultad de farmacia, hasta los temarios y forma en la que se organiza, tutela e imparte, varía de forma importante entre universidades, aspecto que sin duda debería ser menos variable y que podría mejorarse.

En mi experiencia, muchos farmacéuticos muestran su descontento cuando se les pregunta sobre su experiencia cuando cursaron esta asignatura, bien porque en la farmacia no se les tuteló y enseñó, bien porque no las realizaron, porque se les destinó a realizar labores más administrativas, porque no se prestaban servicios profesionales, estaban muy orientadas a la venta de parafarmacia, etc. Siendo objetivos, este descontento, por las razones que fuesen, podría darse en cualquier otra asignatura del grado, pero la diferencia es que el resto de asignaturas no permiten una estancia y una aplicación práctica de ejercicio profesional como ocurre con las prácticas tuteladas, lo que creo que dependiendo de la farmacia en la que realice dichas prácticas, puede ocasionar al alumno una visión negativa de esta modalidad de ejercicio profesional, y como consecuencia, que decida no dedicarse profesionalmente a ésta.

Por eso creo que se debería prestar una mayor importancia a las farmacias en las que se realizan las estancias como centro formativo que pasan a ser. ¿Se seleccionan las farmacias comunitarias en las que se realizan las prácticas?, ¿en base a qué criterios? ¿Tienen todas ellas las características y el equipamiento necesario para que el alumno aprenda?, ¿Podrían ser elegidas de un listado que las ordenase en base a criterios objetivos de calidad para el estudiante como podría ser la prestación de servicios profesionales, el cumplimiento de ciertos requisitos legales y profesionales, el número y formación de los posibles farmacéuticos tutores del estudiante, etc.?

Por otro lado, muchos de los farmacéuticos comunitarios que tienen que acoger a los estudiantes en la farmacia directamente declinan su disponibilidad, al entender que implicarse en su formación les comporta un tiempo y una responsabilidad adicional que nadie les reconoce económicamente. Otros, siguen haciendo lo que hacen hasta ahora y participan en la formación de los estudiantes y, por último, algunos indican que hacen lo que pueden teniendo en cuenta el reconocimiento que se les da. Pero, ¿están todos los farmacéuticos comunitarios capacitados para formar a los estudiantes? y un aspecto muy polémico ¿deben estar retribuidos económicamente por realizar esta tutela del estudiante en la farmacia al igual que los profesores de otras asignaturas?

Además de contar con un “tutor profesional” en la farmacia u hospital, los estudiantes que cursan la asignatura de prácticas tuteladas, como en cualquier otra asignatura del grado, también deberían contar con un tutor académico que poseyera experiencia profesional y conocimientos para ejercer una tutela efectiva de los alumnos ¿son seleccionados estos tutores académicos entre farmacéuticos comunitarios en ejercicio? Otro aspecto es el rigor académico que se le otorga a esta asignatura respecto al resto ¿suspende algún alumno esta asignatura? ¿Cuántos en comparación con las demás?...

Por último, otra incómoda realidad es el grado de cumplimiento de la asistencia a la farmacia comunitaria por los alumnos matriculados en esta asignatura y que genera una gran injusticia entre éstos. Este aspecto se podría mejorar modificando el sistema de elección de farmacia. Y es que, aunque parece ser que la libertad de elección de farmacia por el alumno es la única forma de elección, ésta facilita la aparición de irregularidades en su realización. Un sistema de elección aleatorio de la farmacia dentro de una misma zona básica de salud o código postal que facilite al estudiante la proximidad a ésta y que pueda o no estar combinado con otros factores que primen en la elección como la nota media u otros, serían más adecuados. La actitud de los farmacéuticos comunitarios que permiten las malas prácticas también deberían asimismo tener sus consecuencias ¿las tienen?

Llegados a este punto, uno se pregunta si todas las partes interesadas realmente perciben que existe un problema importante en la gestión de esta asignatura o bien piensan que todo funciona correctamente o que la culpa es “del otro” y por tanto es ese otro el que tiene que “mover ficha”. No reconocer que existe un problema e instalarse en la autocomplacencia no permite la mejora. El ciclo de la mejora continua pasa por planificar, hacer, verificar y actuar. Mi impresión es que en este tema en cada una de estas etapas se puede mejorar de acuerdo con el objetivo del ciclo.

¿Nos ponemos a ello?

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