El problema de la adherencia terapéutica

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Vicente J. Baixauli

Vicente J. Baixauli, farmacéutico comunitario con más de 20 años de experiencia en el campo farmacéutico, comparte mensualmente con nosotros su reflexión sobre la situación actual de la farmacia comunitaria española. Sus reflexiones pueden darnos algunas claves para desarrollar una labor asistencial efectiva, segura y de calidad, que responda a las necesidades de la población.

Actualmente uno de los grandes problemas de salud pública a los que se enfrenta el sistema sanitario es sin duda el incumplimiento terapéutico o como actualmente se le denomina, la falta de adherencia terapéutica.

El sistema sanitario español se enfrenta a un serio reto: la falta de adherencia terapéutica de los pacientes

 

En nuestro país la verdadera magnitud de este problema no se conoce a ciencia cierta, pero según los estudios publicados, habría hasta un 50% de pacientes que no son adherentes, es decir aquéllos que no tomarían correctamente el 80% de las dosis prescritas. De nada sirven todos los recursos humanos, materiales y económicos dedicados tanto a la investigación, desarrollo y comercialización de los medicamentos como a la prevención, cribado, diagnóstico, prescripción y dispensación de un tratamiento farmacológico si el paciente no cumple con el tratamiento y no utiliza los medicamentos prescritos. Estamos por tanto ante un problema con importantes repercusiones sanitarias y económicas.

A priori puede parecer fácil que el paciente tome todos los medicamentos que le prescriban, pero desde que se produce una prescripción de un medicamento hasta que el paciente decide adquirirlo y tomarlo hay todo un mundo de experiencias personales, horarios y estilos de vida, creencias, opiniones, información, discapacidades, intolerancias, hipersensibilidades, capacidad adquisitiva, educación, etc que influyen sobre su decisión de tomarlo o no. Por ello es más adecuado hablar de adherencia que de cumplimiento, ya que si no hay una actitud proactiva y una adhesión al tratamiento por parte del paciente será difícil su cumplimiento.

Los farmacéuticos comunitarios somos diariamente testigos de la realidad de este problema, tanto cualitativa como cuantitativamente, cuando -ya en la primera dispensación-, el paciente manifiesta su voluntad de no tomar el medicamento renunciando a su dispensación o manifestando el no querer seguir la pauta prescrita. En la farmacia comunitaria identificamos diariamente la falta de adherencia, e incluso sabemos o podríamos saber su causa y lo que es más importante, actuamos y podríamos actuar en función de dicha causa.

Si reflexionamos sobre la implicación del farmacéutico comunitario en la adherencia, una de las primeras preguntas podría ser ¿por qué hacerlo? y se me ocurren algunas respuestas, tanto a favor como en contra:

  • porque es nuestra misión como farmacéuticos (éticamente hay que hacerlo)
  • porque si no dispenso medicamentos no gano dinero (hay un beneficio económico indirecto)
  • porque con mi intervención puedo conseguir mejoras en la salud del paciente (responsabilidad profesional)
  • porque no me lo reconocen (no hay un incentivo motivacional)
  • porque no me pagan por ello (no hay un incentivo económico directo)
  • porque no está dentro de mis funciones (no hay un reconocimiento legal explícito)
  • porque es cosa del paciente (autonomía del paciente para decidir sobre su toma) y/o del médico que le ha prescrito los medicamentos (el médico es el responsable del tratamiento y el farmacéutico no tiene ninguna responsabilidad en ello), etc.

Por otro lado, si analizamos -desde un punto de vista del sistema sanitario- la figura del farmacéutico comunitario para disminuir la falta de adherencia ¿podríamos hacerlo en la práctica farmacéutica habitual? Yo creo que sí, y que muchos lo hacemos, ¿Tendríamos los suficientes conocimientos, herramientas, responsabilidad y capacidad legal para hacerlo? Esta pregunta ya es más difícil de contestar, con la ley en la mano no podemos modificar ningún aspecto del tratamiento, con lo que una buena parte de las causas de la falta de adherencia no las podríamos subsanar y habría que derivar al paciente al médico con la probable pérdida del paciente. Además, todavía hay algunos médicos que piensan que los pacientes les pertenecen y lo que es peor, hasta deciden por ellos y manifiestan que lo que tenemos que hacer los farmacéuticos es “dispensar y punto”.

Pero imaginémonos para aquellos farmacéuticos que no lo ven claro, que el farmacéutico comunitario tuviese un papel activo reconocido y consensuado con los médicos en la adherencia ¿cómo lo haría? ¿podría registrarlo? ya se sabe “lo que no se registra no existe”… ¿dónde quedaría registrada su intervención?, ¿de qué herramienta dispondría en la práctica para comunicarse de forma oficial y segura con el médico responsable del tratamiento?…

Alguien podría argumentar que el no disponer de herramientas no es razón suficiente para no intervenir en el problema y no registrar, y en parte estoy de acuerdo, pero la experiencia me dice que con la situación actual, derivar al médico por falta de adherencia es muy difícil, ya que ha de hacerse con el consentimiento del paciente, y en la práctica al hacerlo pierdes al paciente.

Para que esto funcionase requeriría de una colaboración muy estrecha entre médico y farmacéutico, facilitar el acceso a las consultas médicas, etc en definitiva adaptar el sistema para los objetivos que se pretenden conseguir, algo que hoy por hoy creo que no ha sucedido.

Por si fuera poco, la inexistencia de soluciones a este problema de salud pública es preocupante. Si al menos existiesen sistemas personalizados de reacondicionamiento, la formulación individualizada –que no tipificada- de medicamentos, la educación sanitaria, la revisión del uso de los medicamentos, los tratamientos observados directamente, o algún/os servicios farmacéuticos que pudieran mejorar la adherencia, etc aún se podría hacer algo… ¡Eso sí! una solución sería “primero pilotarlo” y así demostrar que se puede hacer. Pero también en este aspecto chocamos con la cruda realidad, ¿dónde están esos estudios piloto? Y luego vendría el aspecto del pago… ¿habría que pagarlo? ¿pagar a la farmacia por hacer algo que no sea dispensar? un establecimiento privado, comercial o tienda como dicen algunos…

Afortunadamente tenemos las nuevas tecnologías a nuestro servicio, la receta electrónica, una herramienta sanitaria potencialmente magnífica, pero que lamentablemente siguen sin vincular a la farmacia comunitaria al sistema sanitario. Los sistemas de receta electrónica actuales, además de ser excelentes programas de facturación y control, siguen sin permitirnos comunicarnos entre los profesionales y a los pacientes se lo siguen poniendo difícil si quieren cumplir con su tratamiento, con lo cual, para el que no quiere cumplir son una excelente excusa.

Y es que estas 18 aplicaciones tan diferentes que se hicieron para lo mismo, pero que todavía no son compatibles entre sí, siguen sin tener en cuenta situaciones reales como que -aunque los pacientes quieran recoger los medicamentos en las fechas que indica el programa de receta electrónica- hay días que caen en festivo, que pueden haber más de dos días festivos juntos y no les quede medicación, que existen las vacaciones, que hay falta de suministro de muchos medicamentos, que el médico también se equivoca cuando prescribe, que mucha gente viaja, incluso más allá de su comunidad autónoma pero dentro de España, que son personas y se les olvidan a veces las fechas, no son capaces de leer bien las letras de las hojas de tratamiento, pierden las cosas (recetas, tarjetas, medicamentos,…), etc. ¡Sí!, los pacientes son humanos, mortales… tienen estos “defectillos”, como es también la falta de adherencia. Pero para eso tenemos las máquinas, no para recordarles su imperfección y “meterlos en vereda”, sino para ayudarles, para facilitarles la adherencia al tratamiento. Por ello, no estaría de más adaptar esta herramienta a la realidad del paciente, y no al revés.

Los farmacéuticos comunitarios estamos continuamente haciendo de bisagra entre el sistema y el paciente, evitando su ruptura, encajando esta falta de adaptación del sistema sanitario al paciente, algo que hoy por hoy sigue sin ser reconocido en las competencias del farmacéutico comunitario.

En definitiva, a pesar de que a todo el mundo habla de adherencia y sea un tema que aparece a menudo en los titulares de los medios de comunicación, la realidad es que no parece haber voluntad de coger el toro por los cuernos. Como decía un buen amigo: “si de verdad quieres hacer algo, asigna unos recursos y fija un cronograma”. Es evidente que si se quiere que el farmacéutico comunitario colabore en disminuir la falta de adherencia hace falta algo más que palabras. Por ello, si no se hace nada en este sentido, uno se pregunta si realmente importa que los farmacéuticos comunitarios colaboren con el sistema sanitario para solucionar este problema.

No obstante, parece que las cosas pueden cambiar… En esta línea, el Ministerio de Sanidad y aunque promovido por Farmaindustria, financiará el nuevo Plan Nacional de Adherencia al Tratamiento a partir de las aportaciones por volumen de ventas al SNS. Y por primera vez, afortunadamente, entre las más de 20 sociedades científicas, expertos y organizaciones profesionales y de pacientes los farmacéuticos comunitarios estaremos representados por nuestra sociedad científica (SEFAC). Y es que los farmacéuticos comunitarios tenemos mucho que decir en la adherencia.

¡Demostrémoslo!

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